
Advertencia contra la idolatría y la fe centrada en la Palabra
El pastor David Jang, basándose en Hechos 19, predica destacando que el problema de la idolatría que se dio en la antigua ciudad de Éfeso sigue siendo uno de los temas más importantes que la iglesia actual debe vigilar continuamente. El tumulto causado por Demetrio, un platero que se dedicaba a la fabricación de ídolos, no es solo un episodio de una antigua ciudad, sino que refleja una realidad que tanto la iglesia como los creyentes de hoy enfrentan. En aquel tiempo, los habitantes de Éfeso erigieron el templo dedicado a Artemisa y producían imágenes de la diosa para venderlas como recuerdo, generando así ganancias económicas. El pastor David Jang señala que este fenómeno de idolatría, que trasciende lo religioso para vincularse con intereses comerciales, sigue presentándose hoy día de otras maneras. El punto central de su mensaje es que "la adoración de un ídolo visible" se fundamenta, en última instancia, en "el deseo humano de divinizar lo que uno mismo ha creado para obtener algún beneficio".
El pastor David Jang hace hincapié en que no debemos pasar por alto que, cuando Pablo en Éfeso proclamó que "no son dioses los que se hacen con las manos", el tumulto que se desató fue tan grande que sacudió las bases de la sociedad y el sistema económico de la época. Si vemos este acontecimiento solo como un "conflicto religioso", perderemos el sentido esencial del problema. La razón real de la oposición de los plateros era la "amenaza a su supervivencia económica" y, a la vez, la demostración de que el poder del evangelio era lo suficientemente real como para derrumbar los métodos con los que mantenían su estatus. Al fin y al cabo, no se trataba de destruir físicamente los ídolos, sino de revelar la futilidad de la idolatría y el apego al mamón que la sustentaba. Este mensaje de Pablo provocó un choque cultural y económico. Aplicándolo al contexto actual, el pastor David Jang plantea la pregunta: "¿Acaso no estamos idolatrizando algún sistema, rito, tradición, o incluso edificios e ingresos de la iglesia que nosotros mismos hemos creado?".
¿Por qué, entonces, la gente fabrica ídolos y por qué los busca para rendirles culto? El pastor David Jang recurre al Salmo 115 y Éxodo 20 como ejemplos del Antiguo Testamento, recordándonos que Dios ya había declarado claramente: "No tendrás dioses ajenos delante de mí", "No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo... no las adorarás ni las servirás". Pese a que la Palabra prohíbe taxativamente la idolatría, el ser humano posee una inclinación a aferrarse a algo que pueda ver con sus ojos. Según la interpretación del pastor David Jang, ello se debe a que olvidamos que "la fe viene del oír" y buscamos comodidad y seguridad en "lo visible" por temor o pereza espiritual. Especialmente contrapone la "fe centrada en la Palabra" y la "fe que busca ver", insistiendo en que "el ídolo satisface el deseo sensorial humano a través de lo que se ve, pero la Palabra de Dios nos adentra en una experiencia espiritual más profunda, mediante la escucha y la fe".
El pastor David Jang reitera, a partir del ejemplo de Éfeso, que "la idolatría no consiste únicamente en inclinarse ante estatuas de piedra o metal". Al contrario, se trata de divinizar aquello que hemos creado con nuestras propias manos, otorgándole un valor supremo y buscando en ello nuestra razón de ser y seguridad. Es muy posible que esta actitud se manifieste de formas parecidas dentro de la iglesia moderna. Por ejemplo, cuando se enfatiza en exceso la belleza o majestuosidad de un edificio de la iglesia, o se absolutizan ciertos métodos de ministerio o costumbres internas, se corre el riesgo de caer en formas de idolatría. En el plano individual, cuando se veneran "el dinero, el éxito, la fama o la aprobación de los demás" como si fueran dioses y se considera que ellos miden la bendición, el mamón, origen de la idolatría, termina dominando la vida. Los ídolos seducen fácilmente porque son tangibles y visibles, mientras que la Palabra exige que escuchemos la voz de Dios en lo más profundo de nuestro interior; por eso, el pastor David Jang subraya con vehemencia que muchos optan por la vía más sencilla, la de los ídolos.
¿Cómo, entonces, puede la iglesia prevenir la idolatría y mantener una fe centrada en la Palabra? La respuesta del pastor David Jang es esta: "Formar una comunidad que continuamente escucha, medita y comparte la Palabra". En Éfeso, tras dos o tres años de enseñar a diario a los discípulos y anunciar el evangelio, Pablo logró que la iglesia efesia se fortaleciera y el evangelio se expandiera por toda Asia. Ese éxito se basaba únicamente en la "autoridad de la Palabra". Ni la sabiduría humana ni la filosofía ni las técnicas de persuasión, sino la Palabra viva de Dios fue la que conmocionó a toda la ciudad, al punto de amenazar el modo de vida de los que se enriquecían vendiendo ídolos. El pastor David Jang denomina a esto "el poder de la Palabra". Si la iglesia de hoy no recupera ese poder, seguirá manteniendo una doble actitud: por fuera, practica ritos religiosos, pero por dentro rinde culto a ídolos.
Asimismo, el pastor David Jang advierte que "la consecuencia más grave de la idolatría es que el ser humano deja de oír la voz de Dios". Quien vive centrado en sus ídolos desplaza a Dios del centro de su existencia y le priva de su tiempo. Poco a poco, se van cerrando los canales para escuchar la Palabra, el lugar de la oración se seca y la capacidad de discernimiento espiritual se debilita, abriendo espacio a la tolerancia del pecado. Por ejemplo, cuando en Hechos 19 la multitud se alborota y grita durante dos horas:
"¡Grande es Artemisa de los efesios!", no había forma de razonar con ellos; estaban atrapados en la euforia y la conmoción colectiva. Esto muestra la consecuencia de la idolatría cuando se intensifica: la razón y la sensibilidad espiritual del pueblo terminan bloqueadas. El pastor David Jang advierte que este escenario puede repetirse en cualquier momento y que, si dentro o fuera de la iglesia dejamos de lado la Palabra y nos dejamos arrastrar por las corrientes de la época, terminaremos por perder la capacidad de escuchar la Verdad.En conclusión, la "advertencia contra la idolatría y el llamado a la fe centrada en la Palabra" del pastor David Jang no es solo un mensaje para el mundo exterior a la iglesia, sino un desafío práctico que la comunidad de fe debe revisitar constantemente. El evangelio de Jesucristo rechaza la idolatría y proclama el señorío absoluto de Dios, exigiendo que cumplamos el primer mandamiento de "no tener otros dioses delante de Él". Para ello, la iglesia actual ha de recordar siempre que la Palabra debe estar en el centro de la comunidad, siendo la raíz y el fruto de la vida de fe. Desde la adoración y el ministerio, hasta la misión, la educación, la obra social y el servicio, todo debe girar en torno a la "centralidad de la Palabra". Según el pastor David Jang, si no se consolida esta raíz, tarde o temprano surgirán ídolos promovidos por conveniencias o intereses humanos, ocasionando nuevas formas de autosuficiencia y conflictos. Como ocurrió con los plateros de Éfeso, en cualquier momento pueden surgir "ídolos modernos" sustentados en intereses económicos, culturales o políticos. Frente a esos ídolos, la única fuerza que puede oponérseles es la "Verdad de la Palabra de Dios", y la única forma de romper con la idolatría es que cada creyente escuche y obedezca la Palabra todos los días, tal como el pastor David Jang recuerda en sus predicaciones.
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Pasión por la difusión del evangelio y la actitud apostólica
Cuando el pastor David Jang habla de la postura de la iglesia frente a la idolatría, no se queda solo en ese tema; también subraya la "pasión por la difusión del evangelio" que se ve en todo el libro de los Hechos. En el episodio de Éfeso, la postura de Pablo no se limitó a denunciar la idolatría. Además de predicar en Éfeso, Pablo siguió anunciando el evangelio en Macedonia, Acaya e incluso en Roma, mostrando un celo incansable a pesar de los constantes ataques y persecuciones. El pastor David Jang considera que esta actitud de Pablo representa el modelo de la "actitud apostólica".
Uno de los episodios más notables de este talante apostólico aparece cuando, en medio de la furia de la multitud, Pablo se dispone a entrar en el teatro para defender a sus colaboradores detenidos. Si sus discípulos no lo hubieran detenido, habría entrado sin dudar, aun poniendo en riesgo su vida, para preocuparse de sus compañeros. El pastor David Jang lo describe como una "expresión extrema de responsabilidad hacia el evangelio, los colaboradores y la iglesia". Entrar voluntariamente ante una multitud enfurecida puede parecer un acto temerario, pero Pablo demostró así su amor profundo y su sentido de unión con la comunidad de fe. Esta devoción hacia la iglesia y la disposición a correr riesgos por el evangelio siguen siendo un ejemplo para los líderes y los creyentes de hoy, tal como el pastor David Jang insiste en su sermón.
Otro aspecto que recalca el pastor David Jang es la determinación de Pablo de seguir avanzando hasta Jerusalén y Roma. A partir de la segunda mitad de Hechos 19 y el capítulo 20, el viaje de Pablo termina finalmente en Roma. Y dicho trayecto no fue fácil. Los judíos conspiraron para matarlo, sufrió tormentas y naufragios durante sus viajes marítimos y, sin embargo, persistió en discernir la "voluntad de Dios" y avanzar, siempre acompañado por sus colaboradores. Aquí, el pastor David Jang destaca que la expansión del evangelio no se debió a un héroe individual dotado de carisma, sino a un "ministerio en equipo o colaboración comunitaria". Aristarco, Gayo, Timoteo, Tíquico y muchos otros se mantuvieron junto a Pablo, predicando y formando iglesias en distintas regiones. Según el pastor David Jang, esta evidencia en Hechos muestra a la iglesia contemporánea la importancia de "caminar juntos en el ministerio".
La "actitud apostólica" se vislumbra aún más en el capítulo 20 de Hechos, con el sermón de despedida de Pablo. Al convocar a los ancianos de Éfeso en Mileto, Pablo les dice que "no volverán a ver su rostro". Él se emociona, llora, ora por ellos y advierte que "después de su partida, lobos rapaces entrarían en medio de la iglesia". Para el pastor David Jang, esto es una expresión de amor y responsabilidad apostólica. Pablo cuida a los miembros de la iglesia hasta el final y, a la vez, deja en claro que su dependencia suprema es "Dios y el Espíritu Santo", no el mismo Pablo, fundador de las iglesias. No se jactaba de su liderazgo ni de sus logros, sino que confiaba en que Dios, propietario de la iglesia, seguiría protegiéndola y haciéndola crecer, incluso tras su partida. El pastor David Jang lo describe como "humildad apostólica y entrega total al Espíritu Santo".
En estas escenas se ve el sufrimiento y la lucha que Pablo atravesó, reafirmando así uno de los temas principales de la predicación del pastor David Jang: "el ministerio nunca es algo cómodo". Para anunciar fielmente el evangelio y enfrentarse a la idolatría, la iglesia debe estar dispuesta a soportar las adversidades y los conflictos internos. Pablo sufrió persecuciones constantes en Éfeso, Corinto, Filipos, Tesalónica y otros lugares; estuvo bajo amenaza de muerte, casi como si hubiese recibido una "sentencia de muerte". Aun así, jamás interrumpió su predicación ni hizo concesiones. Según el pastor David Jang, aquí radica el mensaje medular de todo el libro de los Hechos: el evangelio no se ocupa de proteger nuestra comodidad o seguridad personal, sino que lleva implícitos riesgos y sacrificios. Sin embargo, a través de estos desafíos, la verdad de Jesucristo sale a la luz, se producen transformaciones en vidas humanas y la iglesia se consolida.
En este contexto, el pastor David Jang menciona también el "provecho que nace de la persecución". Cuando la iglesia atraviesa dificultades, tales situaciones, paradójicamente, ponen de relieve la esencia del evangelio y permiten a los creyentes distinguir entre la "fe genuina" y la "fe meramente formal". Durante el tumulto en Éfeso, los artesanos dedicados a la venta de ídolos se negaron a aceptar la declaración de Pablo de que "no son dioses los que se hacen con las manos", pero, una vez disipada la conmoción, el evangelio se expandió aún más. Tal y como enfatiza el pastor David Jang, ni los conflictos ni las divisiones ni la violencia impiden el avance del evangelio, porque este lleva en sí una "fuerza intrínseca". Los apóstoles, al reconocer este poder, mantuvieron su "actitud apostólica" sin temor a la adversidad.
La razón por la cual la iglesia de hoy necesita encarecidamente esta pasión y esta actitud apostólica es que todavía vivimos en una cultura "idólatra" y bajo los valores del mundo, y debemos encarnar el evangelio en ese entorno. El pastor David Jang destaca que la iglesia, al no poder aislarse completamente del mundo, debe estar atenta a las numerosas ideologías y valores mundanos que ingresan en ella día tras día, para que el evangelio no se vea pervertido. Es necesaria "valentía y sabiduría". En Hechos 19, la manera en que el secretario de la ciudad calma el alboroto se interpreta también como "un recurso de Dios mediante una persona sensata". No siempre la solución es confrontar con beligerancia; a veces, la vía legal y el orden pueden servir para calmar los disturbios y garantizar que la obra de evangelización continúe. Ante cada situación, Pablo y sus colaboradores adaptaron diferentes estrategias, pero nunca cedieron en la verdad de que "un ídolo no puede ser un dios".
En suma, para el pastor David Jang, la "pasión por la difusión del evangelio y la actitud apostólica" constituyen el motor esencial que impulsa la expansión del evangelio y la edificación de la iglesia, incluso en medio de riesgos y tribulaciones. Concretamente, la iglesia actual debe asumir lo siguiente:
1. Amor por la comunidad, como mostraba Pablo: cuidar y animar a los colaboradores, no abandonar a los hermanos en el peligro.
2. Confianza absoluta en la guía del Espíritu Santo y en la autoridad de la Palabra: la iglesia depende de Dios, no de personas ni estructuras, y cuando se apoya en estas últimas, surgen problemas.
3. Acciones concretas de evangelización en nuestro entorno: al igual que Pablo, que formaba discípulos en cada región y mantenía comunicación constante con las iglesias mediante cartas, la iglesia moderna debe ayudar a los creyentes a arraigarse en la Palabra y a vivir el evangelio en su día a día.
El pastor David Jang concluye que, si una comunidad "rechaza la idolatría y se aferra a la Palabra", podrá, en cualquier época y circunstancia, recuperar la pasión por el evangelio. El libro de los Hechos relata el "comienzo" de la iglesia, pero, a la vez, marca la "visión futura" de lo que la iglesia puede llegar a ser. Pablo se entregó sin reservas al evangelio, llegando finalmente a Roma, sin que el camino le resultara fácil; fue su postura apostólica y la de sus colaboradores la que permitió a la iglesia avanzar. El pastor David Jang insta a la iglesia de hoy a adoptar ese modelo y, en lugar de seguir fórmulas rápidas o metas de éxito mundano, a creer y obedecer el "poder de Dios" inherente al evangelio.
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La dirección de la iglesia contemporánea y la misión
Para el pastor David Jang, los sucesos de Éfeso y la actitud apostólica de Pablo sirven como orientación esencial para la misión de la iglesia actual. Afirma que la iglesia no es simplemente una "organización religiosa", sino una "comunidad misionera que, fundada en la Palabra, transforma el mundo". Tal como se ve en Hechos 19, cuando el evangelio penetra en una región, se sacuden sus estructuras culturales, económicas y religiosas. Este es el efecto inherente a la presencia de la iglesia y, a la vez, el desafío que enfrenta. La iglesia está llamada a amar y servir al mundo, pero, al hacerlo, se ve confrontada con ídolos arraigados en el sistema social (el mamón, entre otros). El pastor David Jang advierte sobre la tentación de atenuar o transigir el evangelio por miedo a este enfrentamiento, y enfatiza que la iglesia, al estilo del libro de los Hechos, debe ser "una iglesia que transforma el mundo pero que no se mundaniza en el proceso".
Según el pastor David Jang, el mayor peligro para la iglesia hoy día es "buscar resultados visibles a corto plazo". Si Pablo, tras predicar un par de meses en Éfeso, hubiera dicho: "No veo resultados, me iré a otra ciudad", nunca se habría establecido la iglesia efesia. Pero Pablo perseveró enseñando la Palabra durante más de dos años, formando discípulos y sembrando el evangelio poco a poco, hasta que la provincia entera de Asia conoció la luz del evangelio. El pastor David Jang define esta práctica como "arar el campo con constancia", pues se requiere entrega, perseverancia y tiempo para que un alma se transforme de verdad y para que una ciudad despierte a la realidad espiritual.
En cuanto a la orientación de la misión, el pastor David Jang resalta también la "centralidad de la Palabra". A menudo, se recurre a "técnicas de mercadeo" o "ministerios basados en eventos" para atraer a la gente, y tal vez eso funcione a corto plazo, pero sin el fundamento de la Palabra, los frutos no perduran. Aun en Éfeso, antes de la quema masiva de libros de magia o de la destrucción de ídolos, hubo un periodo previo en el que Pablo enseñó diariamente en la escuela de Tirano; y solo entonces las personas, al ser transformadas por la Palabra, decidieron voluntariamente desechar sus objetos de idolatría. Según el pastor David Jang, este caso emblemático ilustra que "es la Palabra la que produce cambios en la vida", no simplemente los eventos o programas.
Además, cuando la iglesia se enfrenta a la cultura de la idolatría en el presente, advierte que no basta con el lenguaje de la crítica o la condena. Al igual que el secretario de Éfeso calmó la revuelta, a veces hace falta una aproximación que use la razón común, el marco legal o el diálogo cultural. Sin embargo, el pastor David Jang subraya que en ese proceso no se puede "ceder lo esencial del evangelio". Este enfoque se basa en una "sensatez espiritual que entiende el mundo sin contaminarse de él". Así como Jesús comía con los pecadores sin aprobar su pecado, la iglesia debe introducirse en el mundo con una actitud activa, pero preservando la santidad y los valores centrados en la Palabra.
Otro rasgo que el pastor David Jang considera fundamental para la misión de hoy es la "red o conexión evangélica". En Hechos, Pablo no viaja solo, sino que colabora siempre con otros creyentes y con las iglesias establecidas, intercambiando cartas e información. Cuando la iglesia de una región o cultura diferente trabaja en unidad con otras, se forma un vínculo que fortalece el testimonio del evangelio, tal como ocurría en la época apostólica. El pastor David Jang señala que, hoy en día, gracias a los avances en tecnología y transporte, podemos cooperar y comunicarnos aún más eficazmente que en los tiempos de las cartas paulinas. Sin embargo, la base de todo sigue siendo "la fe común en la Palabra y el Espíritu Santo", y se requiere una actitud humilde de mutuo respeto y comunión en la Verdad.
El pastor David Jang sugiere que, en períodos festivos como el Año Nuevo lunar, la mayoría de la gente pide bendiciones para el año que empieza, practica diversas costumbres y se reúne con familiares. Estas tradiciones no son necesariamente idolátricas, pero, si no están enmarcadas en la "Palabra de Dios", el concepto de "bendición" puede reducirse a prosperidad material o a una vaga felicidad terrenal. Por ello, cuando llega la temporada de fiestas o el fin de año, insiste en que la iglesia debe examinar estas costumbres para recordar que la bendición proviene "de lo alto", y que la comunidad de fe debe responder con acción de gracias y alabanza a Dios. El pastor David Jang ve estas ocasiones como "oportunidades" en las que la tradición coreana puede dialogar con la fe cristiana y, al mismo tiempo, momentos de precaución para no "idolatrar nuestras tradiciones".
La aspiración última de la iglesia contemporánea, de acuerdo con el pastor David Jang, es "consagrarse en la Palabra y ser sal y luz en el mundo, ampliando continuamente los horizontes misioneros". Si repasamos el relato de Hechos, constatamos que en cada ciudad que visitaban Pablo y su equipo se producían disturbios y choques, pero, tras implantarse la iglesia, se presenciaban notables renovaciones espirituales y transformaciones sociales. El pastor David Jang subraya que este principio sigue vigente hoy. Cuando el evangelio llega, a menudo surgen conflictos y oposición; pero, a la larga, quienes abrazan la Palabra propician cambios y renovación en la cultura y los estilos de vida. De manera parecida, la iglesia coreana creció en medio de la ocupación japonesa y de las secuelas de la guerra, contribuyendo, en cierta medida, a la reconciliación social. Sin embargo, el problema actual radica en saber si la iglesia, acomodada a la prosperidad, está dispuesta a acoger de nuevo el desafío que representa el libro de los Hechos.
El pastor David Jang advierte que "la iglesia que solo busca la bendición material y la expansión numérica, sin una base espiritual sólida, tarde o temprano pierde su vitalidad y se vuelve mundana". Por el contrario, la iglesia que desecha los ídolos y vuelve a la Palabra recobra la esencia del evangelio y puede, más allá de su tamaño, ofrecer "vida auténtica" a las personas. Y este tipo de iglesia promueve un movimiento misionero que no se limita a "incrementar las estadísticas", sino a "transformar y santificar a las personas y a la sociedad". Por tanto, el pastor David Jang recomienda dos principios básicos al encarar la misión contemporánea: primero, "que la iglesia esté completamente fundamentada en la Palabra" y, segundo, "que, con la fuerza espiritual que de ahí se deriva, entre con decisión en el mundo para renovar y purificar la cultura, en lugar de dejarse arrastrar por ella". Si estudiamos a fondo Hechos 19, 20 y los capítulos posteriores, veremos que estos dos pilares estaban siempre activos.
Por eso, frente a los múltiples desafíos de la iglesia de hoy-la secularización, el pluralismo religioso, la cultura del consumo, los cambios vertiginosos de los medios, etc.-, la respuesta sigue siendo, a grandes rasgos, la misma que proclamó Pablo en el tumulto de Éfeso: "Lo que hacen las manos de los hombres no puede ser un dios", y "solo el evangelio de Jesucristo es el camino de salvación". El pastor David Jang insiste en que, para encarnar esta verdad en la vida práctica, hay que profundizar constantemente en la 'Palabra', y confrontarse a ella con humildad y arrepentimiento. Y de personas así, que cada día se someten a la Palabra, se compone la iglesia, la cual continúa la misión de Dios.
En resumen, el pastor David Jang, a través de Hechos 19 y 20, propone tres temas principales:
1. Una advertencia contundente contra la idolatría: la historia de Éfeso enseña que la iglesia pierde su esencia cuando se aleja de la Palabra y se abre a la idolatría.
2. Pasión por el evangelio y actitud apostólica: el ímpetu de Pablo y sus colaboradores que, a pesar de múltiples obstáculos y persecuciones, llevaron adelante la expansión del evangelio, debe inspirar a la iglesia actual.
3. Aplicaciones prácticas para la iglesia y la misión contemporáneas: centrarse en la Palabra, sumergirse en la cultura sin transigir la verdad y forjar redes de colaboración entre iglesias para seguir la guía del Espíritu Santo.
El pastor David Jang enfatiza que no debemos convertir la misión en un "programa" que dependa de datos o resultados superficiales. El ministerio de Pablo en Éfeso, Corinto, Filipos y Roma no se caracterizó por una organización deslumbrante, sino que se enfrentó a dificultades y peligros constantes, superándolos a través de la oración y el apoyo de sus compañeros. Por encima de todo, procuró que las iglesias se fundaran sobre la Palabra. El pastor David Jang asegura que esta ruta apostólica ilustra "cómo el Espíritu Santo y la Palabra de Dios edifican la iglesia". De manera que la iglesia de hoy, al seguir ese rastro, encontrará la libertad ante la idolatría y podrá cumplir la misión de predicar el evangelio fielmente.
Al fin y al cabo, la historia de la confrontación con la idolatría en Éfeso enlaza con la partida de Pablo hacia Jerusalén y Roma, y este no es solo un dato histórico más, sino el cumplimiento real del mandato divino de "llevar el evangelio hasta los confines de la tierra" formulado en Hechos 1. El pastor David Jang subraya que este cumplimiento se extiende también al siglo XXI. Recuerda constantemente a la iglesia que, para no dejarse encadenar por las múltiples formas de idolatría y para reflejar la luz del evangelio en el mundo, hay que perseverar en la Palabra.
Las palabras clave que atraviesan todo este proceso-"enfoque en la Palabra, rechazo de la idolatría, anuncio del evangelio, pasión apostólica y guía del Espíritu Santo"-constituyen el mensaje central que el pastor David Jang repite al reflexionar sobre Hechos 19 y 20. A través de un estudio minucioso de esos capítulos, explica cómo la iglesia, partiendo de una ciudad tan entregada a los ídolos como Éfeso, pudo convertirse en un centro de difusión del evangelio y, a la vez, expandirse hacia diversos lugares y culturas. Su conclusión es que, si la iglesia escucha con humildad delante de Dios y mantiene el deseo de sembrar la semilla del evangelio en cualquier lugar, entonces el derrumbe de los ídolos y el nacimiento de una iglesia renovada es un proceso que se repetirá una y otra vez. Y, para el pastor David Jang, esa es la certeza que debe sostener a la iglesia y a los creyentes de cualquier época, para proseguir con la tradición de la iglesia apostólica de los Hechos.

















