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Pastor David Jang – Una vida finita

1. La finitud humana

La parte que el pastor David Jang enfatiza más al exponer el libro de Eclesiastés es la finitud del ser humano y la "vanidad" que se deriva de ella. Este es también el mensaje central que aborda Eclesiastés. El libro de Eclesiastés, ubicado en el Antiguo Testamento después del Pentateuco (Génesis, éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) y los libros históricos, se clasifica dentro de la literatura de sabiduría junto a Proverbios. Estos libros sapienciales no se limitan al mero aspecto intelectual en nuestra fe, sino que contienen enseñanzas de discernimiento fundamental y de directrices prácticas para la vida en su conjunto. Dentro de estos, Eclesiastés, de manera particularmente directa, muestra lo efímera que es la existencia y la finitud humana, enfatizando que "el ser humano, al final, no tiene más remedio que permanecer ante la estación terminal que llamamos muerte". El pastor David Jang ha explicado en numerosas ocasiones esta futilidad (vanidad) de la vida y su significado espiritual, subrayando que, sobre esa base, debemos aprender la verdadera sabiduría.

Eclesiastés comienza y termina con la declaración "¡Vanidad de vanidades! ¡Todo es vanidad!" (Ecl. 1:2; 12:8). En inglés, a menudo se traduce como "Meaningless" (sin sentido), pero el pastor David Jang recalca que la interpretación más exacta alude a la idea de que "lo que existe (유, 'tener') termina volviendo a la nada (무, 'no tener')". El mensaje que fluye de manera coherente a lo largo de todo Eclesiastés es que, por mucho conocimiento, placer o riquezas que acumule el ser humano en este mundo, todo acaba reduciéndose a la nada. En particular, el capítulo 1 de Eclesiastés señala la vanidad del conocimiento humano y el capítulo 2 se refiere al placer carnal y a la riqueza que el hombre persigue, declarando que, al final, todo es vano. Pero esto no se trata de una simple postura pasiva de "no poseas nada", sino más bien de un llamado a reflexionar acerca de "qué es lo más valioso".

En este punto, el pastor David Jang señala "el tiempo" como "lo más valioso". La razón es que la existencia que se nos otorga es limitada y, durante ese lapso, cómo y para qué vivimos se convierte en un asunto crucial que determina nuestro destino eterno. A lo largo de la vida, intentamos conseguir infinidad de propiedades, logros y relaciones humanas, pero al final no tenemos más remedio que morir y dejarlo todo. La Biblia también declara que "está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después de esto el juicio" (Heb. 9:27), enseñando que la muerte opera como un fin ineludible para el ser humano. Por lo tanto, toda enseñanza que sugiera que "no moriremos" o "podemos eludir la muerte" es falsa, pues todos habremos de enfrentar el final de nuestros días, es decir, la muerte.

El punto que destaca el pastor David Jang es que la consciencia de esta finitud de la vida no debe desembocar en un pesimismo desolador. Más bien, cuando tomamos conciencia de esta realidad y la aceptamos, podemos alcanzar la verdadera sabiduría y un despertar espiritual. Ante la verdad de que las posesiones y placeres de la vida vuelven finalmente a la nada, el ser humano tiene la oportunidad de replantearse su propia existencia. Si lo que buscamos no es eterno, en el fondo de nuestro ser brota inevitablemente un anhelo de "algo eterno". Ese anhelo es la naturaleza intrínseca del hombre y un "regalo de Dios", directamente vinculado a la frase de Eclesiastés 3:11: "él ha puesto eternidad en los corazones de los hombres". Al explicar este pasaje, el pastor David Jang comenta: "Los animales no reflexionan sobre el sentido de su existencia, pero el alma humana, al igual que el ciervo que brama por las corrientes de las aguas, anhela a Dios". En efecto, en el mundo animal no se especula sobre el significado de la muerte o el orden del universo tras morir. Sin embargo, el ser humano reflexiona constantemente sobre el sentido de su vida y de dónde viene y hacia dónde va, lo cual lo impulsa a buscar a Dios.

Según lo que enseña el pastor David Jang, este anhelo por la eternidad es la huella y la capacidad que Dios ha impreso en el alma del ser humano. Cuando investigamos el universo, cuando contemplamos la delicada armonía de la naturaleza, e incluso cuando reflexionamos sobre la sociedad y la historia de la humanidad, nos damos cuenta de que hay una entidad trascendente (el Creador) que el ser humano no puede explicar con sus propias fuerzas. De hecho, muchos científicos confiesan sentir asombro y temor reverente ante la inmensidad y la perfección del cosmos. Este temor y temblor que el hombre siente como criatura puede llegar a ser el "comienzo de la fe", según apuntan diversos estudiosos de la religión. En Romanos 1:20 se afirma también: "Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas...". Con ello, se nos abre la puerta para descubrir al Dios diseñador por medio de la naturaleza y el universo. El pastor David Jang señala que si se enseña e inculca bien este aspecto desde la niñez, se puede forjar una fe sólida.

Además, hay otro aspecto esencial en la naturaleza humana: no solo somos seres corporales sino también seres espirituales. Eclesiastés, a través del tema de la "vanidad", no solo advierte contra la obsesión con ámbitos como las riquezas, el placer y la fama, sino que también transmite el mensaje de que debemos prepararnos para lo que viene después de la muerte. El pastor David Jang comenta: "Para vivir la vida, primero hay que 'conocer la muerte'. Solo cuando la encaramos de frente descubrimos el verdadero sentido de la existencia". Como la muerte pone fin a toda posesión y disfrute, no nos queda más remedio que dirigir la vista a "lo que viene después", y es aquí donde crece el anhelo de un mundo eterno.

El pastor David Jang observa que, interpretado en su contexto, la palabra "vanidad" en Eclesiastés es prácticamente equivalente a repetir: "Ustedes morirán". Si sustituimos la expresión "vanidad, vanidad" por "el hombre muere, muere y vuelve a morir", nos daremos cuenta de lo directa y dolorosa que es la idea que Eclesiastés transmite. Sin embargo, el uso que hace el Predicador de la palabra "vanidad" tiene la intención de ofrecer una expresión más sublime: "el ser humano vive en el tiempo, pero está condenado a enfrentar el final del tiempo". Esa es la limitación humana que Eclesiastés recalca de manera exacta y contundente.

En resumen, ninguna persona puede librarse de la muerte. El fin de la vida humana es un "D-day" inexorable. Ignoramos cuándo llegará, pero todos compareceremos ante él. Además, como se declara en Eclesiastés 3:1: "Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora", no es que la historia humana discurra sin sentido. Dios tiene establecidos un tiempo y un propósito precisos para todo, y Eclesiastés nos enseña que debemos vivir conscientes de nuestra finitud bajo la soberanía de Dios.

Así, aunque el pastor David Jang recalca la "vanidad" (vaciedad) y la inevitabilidad de la muerte, mensaje principal de Eclesiastés, también enfatiza que estos conocimientos no deben conducir a la desesperación ni a la tristeza. Al contrario, es precisamente al reconocer la vanidad que anhelamos lo eterno, y es al conocer la muerte que podemos disfrutar plenamente de la vida. Por eso, Eclesiastés 3:11 afirma: "Todo lo hizo hermoso en su tiempo, y ha puesto eternidad en el corazón de ellos...", mostrándonos la posibilidad y la esperanza de que el hombre no se estanque en la vanidad, sino que avance hacia lo eterno.

Además, el pastor David Jang hace una comparación entre el ateo y el teísta, planteando que si Dios no existiera, el ser humano se vería obligado a crear sus propias normas (norm) para vivir, lo cual le generaría un gran sufrimiento. Sin Dios, la vida y el universo carecerían de un propósito, y toda moral y significado se fijarían a conveniencia humana, sumiendo al hombre en un estado de desconcierto. Pero cuando creemos que Dios existe, nos topamos con la verdad de que "Dios nos creó con un propósito". Del mismo modo que cuando el hombre fabrica una taza lo hace con un fin, nuestra existencia también tiene un objetivo claro. Dios creó al hombre y culminó la creación con la mujer; este hecho, para el pastor David Jang, simboliza la intención y el amor del Creador expresados en su "obra maestra más excelente".

El pastor David Jang subraya en particular la importante doctrina teológica de que "Dios nos eligió". Esta "doctrina de la elección" es la evidencia de la misión y el llamado que Dios nos ha conferido. Dios nos eligió para que fuésemos, como dijo Jesús, "pescadores de hombres". Sin embargo, si olvidamos este llamado y seguimos siendo esclavos del dinero y los bienes materiales, eso sería completamente opuesto al camino auténtico del cristiano. El pastor David Jang cita con frecuencia la frase "un ciego no puede guiar a otro ciego", subrayando que el cristiano, al haber conocido antes la verdad y superado los deseos del mundo, debe estar en condiciones de guiar a otros.

El pastor David Jang propone dos métodos principales para "superar la obsesión por poseer". El primero consiste en "descubrir la posesión genuina". Tal como Pedro y Juan declararon en Hechos 3:6: "No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy", debemos darnos cuenta de que ya se nos ha otorgado algo mucho más precioso y eterno que las riquezas materiales. Se trata de Jesucristo, nuestro Salvador, y de la abundancia espiritual que disfrutamos en él, es decir, la salvación y la vida eterna. El segundo método es comprender que en este mundo sí existe "algo eterno". Aunque todo lo que ve el ojo humano es pasajero, por la fe el instante puede vincularse con la eternidad; en el concepto del "ahora eterno", cada momento que vivimos en esta tierra forma parte del proceso hacia el cielo.

¿Cómo se plasma esta conciencia en la comunidad de la iglesia y en la obra misionera? El pastor David Jang considera que la "Gran Comisión" constituye el principio y fin de la enseñanza de Jesús: "Sed pescadores de hombres", "Id por todo el mundo y predicad el evangelio", "Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia". Para el pastor, estos mandatos de Jesús son la tarea esencial de la iglesia. Por ello, es natural que la iglesia avance en la misión mundial, estableciendo sedes o centros en cada continente para atender y acompañar a personas de otras culturas e idiomas. Para él, Jesús dejó una tarea clara: evangelizar cada uno de los estados en Estados Unidos y todos los países del mundo, incluso los más pequeños.

En particular, el pastor David Jang utiliza la experiencia de nuestra iglesia hasta el año 2013 como ejemplo, señalando que hasta entonces "no teníamos nada propio". Muchos se preguntaban: "¿Cuándo tendremos lo nuestro?" "¿Acaso moriremos deambulando así?". Sin embargo, en esa época se aferraron a Habacuc 3:17-18, confesando: "Aunque no haya nada, me gozaré en Jehová". No obstante, el pastor David Jang afirma que también se necesita un espacio físico -una sede o un centro- para realizar la obra misionera y cuidar de los hermanos, por lo que Dios en su providencia lo ha provisto. él interpreta dicho proceso como: "Al cumplirse el año 28, llegó el tiempo de establecerse", y cree que Dios ha dispuesto todo. Con ese fin, insiste en que debemos enseñar esta historia a las nuevas generaciones, explicándoles que todo se forjó con la sangre y el sudor de nuestros antepasados. De lo contrario, podrían caer en la equivocación de creer que "ya lo teníamos desde siempre".

El pastor David Jang cita Gálatas 6:2: "Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo", para enseñar que en la comunidad de la iglesia debemos practicar la dedicación y el sacrificio. Aquellos que han recibido mucho amor pueden amar más, y esto es lo que llamamos "gracia". Hemos de recordar que nada de lo que hemos logrado nos pertenece realmente, sino que todo es resultado de la gracia de Dios. Este es el poder de la fe, y la senda de la iglesia es "vaciarse a sí mismo" y entregarse para salvar a una persona más.

Además, en sintonía con la época en que se predica, el pastor David Jang menciona con frecuencia el sentido de la venida de Jesucristo (Navidad). Aunque todos creemos conocerlo muy bien, en realidad, el texto de Juan 3:16 -"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito"- constituye la esencia de la fe cristiana y un resumen del evangelio. El amor de Jesús no fue un fervor pasajero y, puesto que no nos abandonó hasta el fin, debemos expresarle gratitud y emoción.

Así, al exponer el libro de Eclesiastés, el pastor David Jang habla con toda claridad sobre la finitud del ser humano y la vanidad de la vida; sin embargo, recalca que no se trata de un mensaje de desesperación o tristeza, sino de una invitación a anhelar la eternidad, a tomar conciencia de nuestro llamado y a cumplir la Gran Comisión mediante la iglesia. Reconocer la vanidad de la vida y la muerte, en lugar de encerrarnos en la desesperanza, actúa como un canal que nos lleva a aferrarnos a la eternidad y al llamado que nos ha sido encomendado. Gracias a esta esperanza en el Reino eterno, el hombre se libera de las cadenas de un tiempo y unas posesiones limitados, para vivir con libertad pero, al mismo tiempo, con mayor responsabilidad. En definitiva, se trata de la conexión entre "superar la obsesión por poseer" y "anhelar la eternidad" que el pastor David Jang ha venido promoviendo siempre, y es la razón y la fuerza que hacen que la iglesia deba funcionar como sal y luz en el mundo.

 


2. Un corazón que anhela la eternidad

 

El pastor David Jang concreta las reflexiones derivadas de Eclesiastés y de la literatura sapiencial (especialmente Proverbios y Eclesiastés) como una "sabiduría de la fe práctica". En este punto, la clave fundamental recae en armonizar el mensaje de Proverbios -"El temor de Jehová es el principio de la sabiduría" (Prov. 1:7)- con el tema central de Eclesiastés, la "vanidad". Reconocer simplemente que el ser humano es finito y que no puede evitar la muerte no es suficiente. Solo cuando, en medio de esa finitud y vanidad y de ese anhelo de lo eterno, el hombre teme a Dios y sigue Su voluntad, alcanza la verdadera sabiduría, que es la enseñanza tanto del pastor David Jang como de la propia Biblia.

En primer lugar, el pastor David Jang destaca la exhortación de Eclesiastés 12:1: "Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud". Cuando, ya en la vejez, se intenta buscar al Creador, la gente se lamenta irremediablemente por el tiempo transcurrido y las oportunidades perdidas. Hay cosas que no se pueden revertir si no se aprovechan en la juventud. En la parte final de Eclesiastés 12 se describe vívidamente la realidad de la vejez: "los ojos se oscurecen, los dientes se caen, los oídos se ensordecen y las piernas se debilitan". Así, Eclesiastés exhorta con fuerza a recordar y temer al Creador "mientras vivimos", "mientras aún tenemos fuerzas", "en los días de nuestra juventud". El pastor David Jang conecta este mensaje con la evangelización y la misión de la actualidad, insistiendo de manera singular en "evangelizar preferiblemente dentro de los primeros 7 años de vida, y antes de los 30 años". Cree que cuando se predica a los jóvenes, quienes aún conservan la pureza y la pasión, pueden descubrir con más rapidez el llamado de Dios y establecer hogares piadosos en la iglesia.

Por supuesto, esto no significa "no evangelizar a los mayores". De hecho, el pastor David Jang cuenta que muchos adultos mayores, al oír el evangelio, lloran arrepentidos, pues les invade la pena de "haber perdido ya demasiado tiempo". Sin embargo, el mensaje de Eclesiastés pone el acento en que, al temer y buscar al Creador desde la juventud, se puede recorrer el camino de la fe por más tiempo y obtener mayores frutos. Eso es la verdadera sabiduría y la exhortación del Predicador.

En segundo lugar, el pastor David Jang destaca la necesidad de que el hombre discierna correctamente los "tiempos" y las "ocasiones" mencionados en Eclesiastés 3:1: "Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora". El sentido es que detrás de todo suceso hay un "cuándo, cómo y por qué", un propósito y una razón de ser. El ser humano debe poseer la "sabiduría de reconocer los tiempos adecuados" en cada instante de su vida, pues eso lleva a una vida exitosa y significativa. El pastor David Jang lo explica diferenciando entre "Time" y "Date". El primero alude al tiempo cuantitativo, mientras que el segundo se refiere al momento cualitativo. Eclesiastés expresa que "hay un momento adecuado para cada propósito bajo el cielo". En otras palabras, el hombre llega a vivir "hermosamente en su tiempo" cuando obedece los momentos establecidos por Dios en las diversas facetas de la vida.

La comunidad de la iglesia también necesita este discernimiento. En actividades como la misión, la formación de los creyentes, la adoración, el discipulado y el envío de obreros a todas partes del mundo, si se pierden las ocasiones estipuladas por Dios, la labor se retrasará o no se cumplirá. El pastor David Jang declara que "en el año 28 de nuestro ministerio" Dios proveyó la posibilidad de contar con sedes y centros; "se levantaron 9 presbiterios y se establecieron centros en distintos continentes". Ese proceso encaja perfectamente con Eclesiastés 3:11: "Dios hizo todo hermoso en su tiempo". Independientemente de los planes humanos, la obra de Dios se cumple en el momento que él ha determinado.

Lo importante aquí es que el líder o dirigente de la iglesia tenga la "sensibilidad espiritual de reconocer los tiempos". Si se pospone la labor o se ignora el instante señalado por Dios, toda la comunidad se ve afectada y la alegría se pospone. El pastor David Jang advierte: "No retrases lo que debes hacer en diciembre, pasándolo a enero", y exhorta a los creyentes a velar y orar, uniendo fuerzas en la comunidad de fe para llevar la obra a buen término (obtener un buen desenlace).

En tercer lugar, el pastor David Jang expone de diversas maneras, a través de ejemplos y pasajes bíblicos, la visión de la fe que "supera la obsesión de poseer". Es fácil caer en la esclavitud del dinero y las riquezas en cuanto salimos del templo. Sin embargo, el verdadero cristiano debe, ante todo, ser consciente de que en su interior posee "algo más auténtico"-es decir, a Jesucristo y el tesoro espiritual que él ofrece-, y estar dispuesto a compartirlo. Tal como Pedro y Juan proclaman en Hechos 3:6: "No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy", no debemos perder de vista el hecho de que llevamos con nosotros el "evangelio", mucho más valioso que el dinero.

Además, el hombre adquiere una perspectiva trascendente solo cuando toma conciencia de lo "eterno". El pastor David Jang menciona la obra de cierto teólogo titulada Ahora eterno (The Eternal Now), explicando que "cada día podemos estar muriendo o viviendo"; la manera de sobreponerse a la tragedia que trae la muerte es la fe en "la vida eterna y el cielo". Cuando creemos que esta existencia terrenal no lo es todo, se enciende en nosotros la certidumbre y la valentía sagradas acerca del futuro. Esta fe genera el gozo y la libertad que posibilitan trascender las ataduras de la "posesión".

Con este poder, la iglesia debe salir al mundo a predicar el evangelio, en cumplimiento del mandato principal de Jesús (la Gran Comisión). El pastor David Jang lo describe como "el principio y fin de la palabra de Jesús", exhortando a la iglesia a aferrarse constantemente a expresiones como: "Sed pescadores de hombres", "Id hasta lo último de la tierra para anunciar el evangelio", "Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia". Hoy en día, insiste en que primero se evangelicen países C12, países G20, y de ahí a otros más pequeños. También menciona que los 50 estados de Estados Unidos deben evangelizar primero áfrica, todo ello con la meta de que el reino de Dios cubra el mundo entero.

En este contexto, el pastor David Jang cita Gálatas 6:2: "Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo". Mucha gente quiere eludir sus problemas y descargar sus cargas en otros, pero la imagen verdadera de la iglesia consiste en ayudarse y cuidarse mutuamente, en llevar las cargas juntos. Esto está en consonancia con el principio bíblico de "amar al otro tanto como hemos sido amados". Quien ha recibido mucha gracia y bendición de parte de Dios está llamado a entregarse más para ayudar a otros, y así la iglesia puede convertirse en una comunidad distinta del mundo.

La vívida descripción que Eclesiastés hace de la vejez y del final del hombre no busca sumir al ser humano en la tristeza o desesperación. Por el contrario, al hombre que vive en el tiempo, pero está llamado a trascenderlo, le recuerda: "Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, no te quedes atrapado en la vanidad de la vida y pon tu mirada en lo eterno; Dios ha puesto eternidad en el corazón del hombre". El pastor David Jang aplica este mensaje directamente a la iglesia y a los creyentes de hoy, enfatizando que "nosotros somos personas que vivimos con ese conocimiento. Dios ha dispuesto todo a su tiempo y nos llama a la eternidad. Por tanto, no posterguemos el deber de hoy, y vivamos al final la alegría de una obra bien cumplida".

La fuerza motriz que hace posible tal práctica es, en última instancia, la conciencia de la "gracia de Dios". El pastor David Jang recalca que "todo lo que hemos logrado es solo por la gracia de Dios", y que incluso el hecho de que la iglesia obtuviera un edificio y se establecieran varios presbiterios fue pura dirección divina. Por muy grande que sea el esfuerzo humano, sin la aprobación de Dios no se avanza ni un paso; la iglesia que comenzó con el evangelio debe seguir siempre moviéndose por el evangelio.

Ante la llegada del tiempo de Navidad, el pastor David Jang recuerda a los fieles, citando Juan 3:16, que "la venida de Jesucristo es la prueba de que Dios nos amó hasta el fin", e insiste en no caer en la ilusión de creer que "ya lo sabemos" todo. Para el cristiano, el hecho de que Jesús no nos haya abandonado es motivo de gratitud y conmoción profunda.

En conclusión, el pastor David Jang amplía el mensaje de Eclesiastés en dos direcciones esenciales. Primero, cada ser humano vive con el límite de la muerte y debe entender que, en último término, sus posesiones y riquezas regresarán a la nada. Comprender la vanidad nos impulsa a volver el alma hacia Dios, enfocándonos en los valores verdaderos (eternos). Segundo, esa comprensión se encarna en la comunidad de fe, dando lugar a la libertad de trascender la obsesión por poseer, al amor comunitario (Gál. 6:2) y a la obra de la misión mundial (la Gran Comisión). Es, en definitiva, un acto de reconocer y someterse al tiempo y propósito que Dios ha establecido, viviendo el presente en la esperanza del reino eterno.

El pastor David Jang utiliza a menudo la expresión "buen final" (유종의 미) a la hora de animar a los creyentes. Cuando llega el fin de un periodo o se acerca el fin de año, si hemos cumplido con nuestra tarea, experimentamos una alegría plena. Es cierto que el hombre muere, pero incluso ante la muerte, podemos decir: "He cumplido la misión que Dios me dio; solo me queda entrar en el cielo". Entonces, la vida deja de parecer vana. Más bien, al contemplar Eclesiastés 3:1: "Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora", aseguramos la certeza de que Dios, el Creador, tiene un propósito y un plan.

La insistencia coherente del pastor David Jang es que únicamente cuando permanecemos firmes sobre estos temas cruciales -la limitación de la vida y la muerte que destaca Eclesiastés- el hombre puede comprender el auténtico propósito de su existencia y encaminarse hacia la eternidad y la salvación. Y la tarea de ayudar a que nadie se desvíe de esta senda corresponde a la comunidad de la iglesia, que se sostiene mutuamente, comparte su legado y su historia espiritual, y prepara la próxima generación. Por eso, la "vanidad" que describe Eclesiastés no desemboca en la "falta de significado". La pregunta "¿Todo en el hombre vuelve a la nada?" obtiene respuesta en: "Precisamente por eso hemos de aferrarnos al Dios eterno", que es la meta final que persigue el Predicador, según el pastor David Jang.

En definitiva, la "conciencia de la finitud y de la vanidad" que se desprende de Eclesiastés, y la praxis de "superar la obsesión por la posesión, anhelar la eternidad y cumplir la Gran Comisión" han sido los ejes centrales que el pastor David Jang ha subrayado constantemente al enseñar este libro en su totalidad. Y como fruto de ello, el mensaje de Eclesiastés no ofrece una conclusión pesimista ni negativa, sino un llamado a vivir el presente con gozo, anhelando la vida eterna y el cielo. Esta es la razón por la que, según el pastor David Jang, las palabras del Predicador siguen resonando con poder entre los cristianos de hoy. De acuerdo con su enseñanza, la "vanidad" de Eclesiastés no es el fin, sino el principio, y ese principio está abierto hacia el Dios que nos salva. "Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud" (Ecl. 12:1) se presenta finalmente como una invitación contundente para todos. A la luz de ese versículo, el hombre puede renunciar a sus deseos mundanos y a la vacuidad de sus posesiones, encontrando en Dios el camino para renacer en la eternidad. Y este es, en síntesis, el "valor espiritual de Eclesiastés" que el pastor David Jang ha defendido y la esencia de su mensaje.