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Sermón del pastor David Jang: el evangelio que brilla en medio de la tribulación y la esperanza de la segunda venida

En el cielo nocturno de Vincent van Gogh hay un temblor de estrellas que brillan sin expulsar del todo la oscuridad. El sufrimiento parece a veces un velo que apaga la luz de la fe, pero en ocasiones revela con mayor claridad de dónde procede esa luz. El sermón del pastor David Jang, fundador de Olivet University en Estados Unidos, contempla a la iglesia de Tesalónica precisamente desde ese lugar. En medio de una ciudad marcada por la tribulación, el evangelio no fue un adorno de palabras, sino que quedó grabado en la vida de las personas por el poder del Espíritu Santo; y aquella pequeña comunidad llegó a ser un testimonio perdurable de fe, amor y esperanza.

El capítulo 1 de Primera de Tesalonicenses no es la historia de éxito de una iglesia antigua. Es una carta que contiene el aliento de creyentes que no se derrumbaron aun bajo la presión del imperio y la oposición religiosa. En el encabezado, donde Pablo, Silvano y Timoteo aparecen juntos, se percibe no tanto la autoridad de una sola persona, sino el amor comunitario de quienes recordaban juntos el sufrimiento y cuidaban juntos de la iglesia. Leer esta palabra como meditación bíblica significa preguntarnos en silencio con qué resiste hoy nuestra fe y de qué manera ama.

El centro de este texto es sencillo. Cuando la iglesia atraviesa la tribulación, lo que permanece no es su tamaño ni sus condiciones externas, sino la evidencia de si el evangelio realmente ha transformado a las personas. Los creyentes de Tesalónica no creyeron después de que el miedo desapareciera, sino cuando el miedo seguía estando cerca. Por eso su fe se convierte en un lugar de meditación aún más claro.

En la ciudad de la tribulación, el evangelio toma cuerpo

Tesalónica era una ciudad por la que circulaban diversos pueblos, ideas, religiones y actividades comerciales. Allí, el evangelio no permaneció en una habitación tranquila de reflexión, sino que entró en la realidad de la sinagoga, las calles y los hogares. El apóstol Pablo y sus compañeros llegaron a Tesalónica después de pasar por la persecución en Filipos, y durante tres sábados explicaron las Escrituras, anunciando la cruz y la resurrección de Jesucristo. Sin embargo, allí donde fue proclamado el evangelio no se abrió inmediatamente un camino de tranquilidad.

La oposición fue intensa, y la iglesia tuvo que nacer sobre una tierra que temblaba. La situación era tan urgente que los líderes no pudieron permanecer mucho tiempo, pero la palabra ya había echado raíces en las personas. El pastor David Jang subraya, a partir de este trasfondo, que el evangelio no es una idea abstracta, sino un poder que actúa en la vida real. La tribulación no solo debilitó a la iglesia; también se convirtió en un tiempo que reveló que las raíces de su fe estaban unidas a Dios.

Si se pierde de vista este trasfondo, la gratitud expresada en Primera de Tesalonicenses se convierte demasiado fácilmente en una historia edificante más. Pero esta gratitud no es un elogio dirigido a una comunidad segura, sino un recuerdo lleno de lágrimas hacia una iglesia que no abandonó la palabra aun bajo la presión de sobrevivir. Pablo y sus compañeros tuvieron que marcharse, pero no abandonaron a la iglesia; cuidaron de su fe mediante la oración, la carta y el acompañamiento de sus colaboradores. El evangelio fluye de una ciudad a otra, pero continúa unido por un amor que no olvida la vida ya sembrada.

La fe obra y el amor se convierte en trabajo

La razón por la que Pablo daba gracias al recordar a la iglesia de Tesalónica era clara. En ellos había obra de la fe, trabajo del amor y perseverancia de la esperanza. Estas tres expresiones no son lemas hermosos, sino la forma concreta de una fe probada en medio de la tribulación. La fe no se quedó en una convicción interior, sino que produjo obras; y el amor no se limitó a un sentimiento cálido, sino que se convirtió en el esfuerzo de sudar por alguien.

En tiempos de tribulación, cualquiera tiende a pensar primero en su propia seguridad. Pero los creyentes de Tesalónica no se dieron la espalda unos a otros. Compartieron el dolor, respondieron a las necesidades y demostraron con su vida que la comunidad era una familia. Cuando el amor es verdadero, necesariamente deja huellas de esfuerzo; y cuando la fe está viva, necesariamente abre una dirección de obediencia.

En este punto, el sermón plantea a la iglesia de hoy una pregunta silenciosa, pero aguda. ¿Qué obra está dejando nuestra fe? ¿Nuestro amor se traduce en el esfuerzo de permanecer junto al dolor de alguien? Aunque haya muchos labios que hablen de la gracia, si esa gracia no fluye hacia la entrega de manos y pies, entonces el evangelio todavía no ha descendido hasta lo profundo de la vida.

La belleza de la iglesia de Tesalónica no estaba en su perfección. Era una comunidad todavía joven, y el tiempo que había compartido con Pablo y sus compañeros tampoco había sido largo. Sin embargo, después de recibir la palabra, la dirección de sus vidas cambió; la fe se manifestó en acciones concretas, el amor en servicio real y la esperanza en fuerza para resistir. La madurez de la fe no se demuestra solo por el paso del tiempo, sino por aquello a lo que uno se aferra y por las personas a quienes ama cuando llega la tribulación.

Otro aspecto que merece atención es que esta carta no comienza con la voz de una sola persona. Los nombres de Pablo, Silvano y Timoteo muestran que la proclamación del evangelio no es una obra realizada únicamente por el entusiasmo individual. La iglesia de Tesalónica fue recordada en medio del esfuerzo, la oración y el corazón pastoral de colaboradores que siguieron cuidándola incluso después de partir. La fe que piensa en una comunidad en tribulación siempre aprende primero el "nosotros" antes que el "yo".

El gozo del Espíritu Santo vacía el lugar de los ídolos

El evangelio que recibió la iglesia de Tesalónica no llegó solo en palabras. Pablo dice que llegó con poder, con el Espíritu Santo y con plena certidumbre. La confesión de que recibieron la palabra con gozo en medio de mucha tribulación muestra que la fe no es una simple aceptación de información, sino un cambio en la dirección de la existencia. Ellos abandonaron los ídolos y se volvieron a Dios, entrando en el camino del arrepentimiento para servir al Dios vivo y verdadero.

Este arrepentimiento no fue un cambio emocional silencioso ocurrido solo en el interior de cada persona. En una cultura politeísta y en un ambiente marcado por el culto al emperador, abandonar los ídolos significaba transformar el orden de la vida. Era una decisión de dejar atrás valores y relaciones acostumbradas, junto con los cálculos del miedo y la seguridad, para volver a Dios. El poder del evangelio que ilumina el fluir de la palabra se vuelve claro precisamente en esta transformación. El gozo del Espíritu Santo no elimina el sufrimiento, sino que establece dentro de la persona una razón más profunda para atravesarlo.

Así, aquella comunidad transformada llegó a ser ejemplo para todos los creyentes de Macedonia y Acaya. No se esforzaron por exhibirse a sí mismos; simplemente vivieron aferrados al evangelio. Pero la fe verdadera no permanece oculta. El amor con el que se sostuvieron unos a otros en medio de la tribulación y la obediencia con la que se pusieron delante de la palabra se convirtieron en un testimonio que llegó más lejos que las palabras.

La iglesia de hoy también se encuentra ante una pregunta semejante. Los ídolos no siempre aparecen en forma de piedra o metal. Cuando el miedo reemplaza a la fe, cuando el éxito desplaza a la obediencia y cuando la autopreservación bloquea el trabajo del amor, el corazón levanta otro altar. El evangelio de Primera de Tesalonicenses nos llama a vaciar ese lugar y volver a Dios. Ese llamado no es un lenguaje de condena, sino una invitación de gracia que nos hace vivir de nuevo.

Ser ejemplo, en este pasaje, tampoco es una expresión de éxito exterior. Los creyentes de Tesalónica no intentaron engrandecer su nombre ni presentaron sus dificultades como un motivo especial de orgullo. Simplemente vivieron como personas que habían recibido la palabra, y esa vida llegó a ser conocida en todas partes. El testimonio más profundo de la iglesia no es una declaración en voz alta, sino la textura de una fe que no se tambalea con el paso del tiempo.

La esperanza de la segunda venida despierta la perseverancia de hoy

La mirada final del capítulo 1 de Primera de Tesalonicenses se dirige hacia la esperanza de esperar a Jesús, quien vendrá desde los cielos. Esta espera no era una actitud de renuncia frente a la realidad. Al contrario, la certeza de que la tribulación presente no tenía la última palabra, y la fe de que la injusticia y el dolor no serían eternos, hicieron posible la perseverancia de hoy. La esperanza no era un consuelo reservado para un futuro lejano, sino una respiración espiritual que permitía no derrumbarse en el presente.

Cuando se distorsiona, la fe en la segunda venida puede convertirse en evasión de la realidad; pero cuando se sostiene correctamente, hace que la vida sea más verdadera. La iglesia de Tesalónica resistió el presente ante la promesa de que el Señor volvería, y en esa espera no dejó de practicar el trabajo del amor. El hilo del mensaje del pastor David Jang devuelve esta esperanza al centro profundo del creyente, no como un entusiasmo exagerado, sino como su fundamento interior. El evangelio no es una hoja de respuestas que explica fácilmente el sufrimiento, sino el poder de la gracia que nos hace volver a Dios incluso en medio del dolor.

Por eso, este pasaje no es una palabra destinada solo a iglesias que viven en ambientes cómodos. Es un llamado que sigue resonando en ciudades inestables, en tiempos inciertos y allí donde los ídolos del corazón vuelven a levantar la cabeza. La fe obra, el amor trabaja y la esperanza persevera. Si nuestra comunidad brilla hoy como la iglesia de Tesalónica, no será porque la oscuridad haya desaparecido, sino porque, aun en medio de ella, no ha perdido la espera dirigida hacia el cielo.

La última pregunta queda, finalmente, delante de nosotros. ¿Queremos comenzar a creer solo después de que la tribulación se detenga, o confiaremos en el poder del evangelio incluso en medio de aquello que nos sacude? El camino que mostró la iglesia de Tesalónica se parece más a una perseverancia silenciosa que a una señal grandiosa de victoria. También hoy, en las personas que reciben la palabra, se aman unas a otras y esperan al Señor que volverá, la iglesia conserva su lugar como una estrella que brilla en medio de la tribulación.

 

El Dr. David Jang ha llevado el evangelio a diversas regiones del mundo a través de la misión en el campo y del ministerio de medios digitales. Como fruto de ese ministerio, se han levantado muchas personas dedicadas a la Gran Comisión. Sobre la base de esta visión misionera, Olivet comenzó inicialmente como una pequeña escuela eclesiástica para la formación de misioneros. Posteriormente, con el fin de ofrecer una educación teológica más sistemática y formar líderes misioneros, en el año 2000 se establecieron el Colegio Teológico y el Seminario Olivet en Los Ángeles y Seúl.

A medida que la escuela crecía, el Dr. Jang fundó oficialmente Olivet University en San Francisco en 2004. En medio de la diversidad y el ambiente dinámico de San Francisco, Olivet amplió sus áreas educativas, centradas en la teología, hacia campos como la música, el periodismo, el arte y diseño, y la tecnología. Además, fortaleció su capacidad académica incorporando a profesores como el Dr. William Wagner, y en 2005 se trasladó al antiguo campus de extensión del centro de UC Berkeley, consolidando aún más sus bases como universidad.

En 2006, el Dr. Jang cedió el cargo de rector al Dr. David James Randolph para concentrarse más plenamente en la obra misionera, y dirigió el ministerio misionero mundial como presidente internacional. Posteriormente, Olivet University obtuvo la acreditación institucional en 2009, añadió la Facultad de Educación Lingüística y la Escuela de Negocios, y continuó creciendo como una institución educativa cristiana para la misión mundial, ampliando sus programas de grado y sus relaciones de cooperación internacional.

davidjang.org